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La fruta no vegana de Mercadona

Un hecho realmente sorprendente que ya se sabía pero que ha saltado a la luz recientemente, es que algunas de las frutas que se pueden encontrar en el cualquier tienda o supermercado pueden no ser veganas. Quizás resulte extraño que se cuestione la veganidad de un alimento proveniente de un vegetal, pero por muy imposible que parezca, existe fruta no apta para quien sigue una alimentación vegana.

 

¿A qué se debe que una fruta pueda no ser vegana?

 

Es muy común que a muchas frutas se les añadan ciertas sustancias llamadas aditivos a modo de recubrimiento para hacerlas más vistosas, para que se conserven mejor o para frenar su proceso de maduración.

Respecto a esto último, podemos citar el ejemplo de los plátanos, a los que se les suele aplicar un spray en su piel para ralentizar su maduración y mantenerlos aptos para el consumo por cerca de dos semanas, y todo ello sin que su sabor se vea alterado. Ese spray contiene quitosano, un compuesto de polímeros obtenidos a partir de la quitina, sustancia que se haya en el exoesqueleto de crustáceos como gambas, langostinos y cangrejos, entre otros.

El hecho de que se utilice un producto de origen animal para la producción o conservación de un producto vegetal, hace que en este caso, cualquier plátano que haya sido pulverizado con quitosano, se convierta en no apto para consumo por parte personas veganas. El problema es que no se indica en ningún lugar que los plátanos hayan sido tratados con dicho producto, por lo que es imposible identificarlos. Sin embargo, lo más lógico es que sean los plátanos de lugares más alejados los que lo lleven, ya que el proceso de transporte puede llevar días y se debe evitar su maduración.

El quitosano también suele usarse en el proceso de clarificación de bebidas alcohólicas como el vino y la cerveza, dos productos elaborados con vegetales pero que a pesar de ello, por norma general no son aptos para consumo vegano. Tanto del vino como de la cerveza ya hemos hablado en los artículos cuya lectura os recomendamos: Por qué el vino no es vegano y Por qué la cerveza no es vegana ni vegetariana.

Otra fruta que puede no ser vegana es la manzana, ya que estas se lavan y son embellecidas con diferentes sustancias. Entre estas se encuentran algunas de origen vegetal (cera de candelilla o de carnauba), y otras de origen animal, como la goma laca, proveniente del gusano de la laca (Laccifer lacca). Este proceso hace que la fruta contenga una fina capa de cera que le aporta brillo, y la convierte más apetitosa para el consumidor. Si en un hipermercado observamos que una manzana es reluciente, probablemente debamos sospechar, ya que al igual que en el caso del plátano, no suele indicarse en las etiquetas. Sin embargo podemos evitar consumir manzanas de este tipo, ya que existen establecimientos veganos, ecológicos y de venta directa que no echan mano de laca para embellecer sus manzanas.

Un tema diferente pero similar afecta a otros alimentos, como los aguacates, muy conocidos por ser un superalimento muy presente en dietas veganas o vegetarianas, así como las almendras, fruto seco muy popular, y otras frutas como el kiwi, el melón y vegetales como las calabazas chinas, tampoco se podrían considerar veganos ya que en muchos lugares se echa mano de una práctica que las personas veganas estrictas podrían considerar poco éticas. En efecto, esta práctica, denominada apicultura migratoria, consiste en transportar colmenas de abejas para explotarlas económicamente, utilizándolas como “polinizadoras portátiles”. Según algunos estudios, estos métodos de explotación hacen que las abejas sufran físicamente, reduciendo considerablemente su esperanza de vida.

Finalmente, los higos son otra de esas frutas que muchas personas no consideran aptas para el consumo vegano, sobre todo a raíz de algunos artículos publicados en diferentes medios de comunicación que han extendido la creencia de que los higos son flores invertidas que contienen avispas en su interior, que al entrar la polinizan pero rompen sus alas y ya no pueden conseguir salir. Sin embargo, personas expertas en la materia aseguran que en las plantaciones extensivas los higos que se consumen forman parte de injertos y no se necesita de la polinización para conseguirlos. Además, dicen, se trata de “higos hembra“, por lo que las avispas no entran para reproducirse en su interior: la probabilidad es muy baja. Este tipo de informaciones, que desmienten el hecho de que los higos no son aptos para consumo vegano, han sido divulgados también en varios medios de comunicación.

 

Fruta vendida en Mercadona que se sabe a ciencia cierta que no es vegana

 

La cadena de supermercados Mercadona se ha hecho muy popular en los últimos años entre la comunidad vegana por haber incorporado una buena cantidad de productos veganos en la oferta de sus tiendas. En las estanterías de cualquier Mercadona podrás encontrar productos como sushi vegano, hummus, hamburguesas veganas, soja texturizada, tofu, salchichas veganas, croissants veganos de espelta, seitán o helados veganos, entre otros muchos.

El hecho de vender este tipo de alimentos veganos, ha dado lugar a que la cadena de supermercados Mercadona sea popularmente conocida como Vegadona, pero quizás este sea un nombre que se le queda algo grande, ya que a fin de cuentas, la mayoría de los alimentos que se venden en Mercadona provienen de la explotación animal.

En lo referente a las frutas hay al menos tres de ellas que no son veganas: naranjas, limones y mandarinas. Concretamente, aquellos de estos cítricos que vienen en mallas y son vendidos, en su mayoría, bajo la marca Hacendado, la marca blanca de Mercadona:

 

  • Etiqueta de las mandarinas de Hacendado

    Las mandarinas Ortanique de la marca Hacendado llevan ceras, concretamente las E904, E914, Imazalil, fungicidas y conservantes que mantienen frescos y brillantes los alimentos. De estas ceras, la primera (E-904) se extrae a partir de los excrementos del gusano de la laca, un insecto originario de India, Indonesia y Sri Lanka; mientras que la segunda (E-914) denominada cera de polietileno oxidado, se obtiene de forma sintética/artificial. Por este motivo, cualquier alimento rociado con E-904, no puede ser apto para el consumo de las personas veganas estrictas. Si tienes dudas sobre que otros aditivos con número E son de origen animal, te invitamos a que consultes nuestra lista: ¿Qué “números E” no son veganos?

 

  • Las naranjas Navel Power, también de la marca Hacendado, son asimismo tratadas y rociadas con imazalil y tiabendazol, primetanil, E-202, ceras E-904, E-914. Las ceras citadas ya sabemos de dónde provienen y su origen animal, pero por su parte el E-202, denominado sorbato de potasio o sorbato

    Etiqueta de las naranjas de Hacendado

    potásico, puede también tener origen sintético o bien natural (no vegano), un dato que desconocemos ya que su origen no se indica en la etiqueta, por lo que no sabemos si es vegano o no. Los componentes aditivos restantes son tiabendazol y primetanil. En la industria alimentaria, al primero se le llamaE-223, metabisulfito sódico o metabisulfito de sodio, cuyos efectos secundarios descritos son mareos, náuseas, vómitos y somnolencia, consumidos en grandes cantidades. En último lugar, el primetanil, del que se sabe que es altamente tóxico para humanos en caso de inhalación y también para organismos acuáticos con efectos muy duraderos y prolongados en el tiempo, por lo que si se utiliza en cultivos y se filtra hasta aguas profundas (acuíferos, ríos y mares) tendría efectos medioambientales muy negativos, como la toxicidad media para los peces.

 

  • Etiqueta de los limones en malla de Mercadona

    Los limones Verna, por su parte, son tratados con ceras E904 y E914, por lo que, al igual que las naranjas y las mandarinas, son tratadas con la cera extraída de los excrementos del gusano de la laca. No menos importante es que contienen imazalil y/o fluidoxinil en su cáscara externa. Ya conocemos lo que es el herbicida y fungicida imazalil, pero por su parte, el fluidoxinil es también altamente tóxico para los organismos acuáticos, y en humanos puede provocar reacciones alérgicas de tipo cutáneo.

 

En buena lógica, una persona que se considere a sí misma vegana estricta no debería comprar este tipo de productos. Por otra parte, y con independencia del tipo de alimentación que decidamos adoptar, quien desee hacer un postre y le añada la sabrosa “ralladura” de limón o de naranja, sabrá a partir de ahora a lo que se expone: varios aditivos de regalo, como fungicidas y herbicidas tóxicos, y cera extraída a partir de excrementos de insectos.

En resumen, debido a que la regulación actual no exige poner las fechas de envasado ni de caducidad en los productos hortícolas, las empresas echan mano de todo tipo de estrategias para mantenerlas intactas y apetecibles, muchas veces a costa del uso de productos de origen animal y otras veces usando productos anti moho, que impiden la descomposición (al menos exterior) de los productos.

En un mundo globalizado, donde muchos de los vegetales que se consumen no son “de temporada” y viajan igual o más que muchas personas, es de esperar que se haga necesario mantenerlos frescos pero, ¿es la ética el precio a pagar por alimentarnos de las frutas que más nos gustan?

En este caso, si buscamos preservar la ética, la alternativa más saludable, sostenible y menos tóxica para el Medio Ambiente sería consumir productos de temporada en tiendas biológicas, ecológicas y veganas, aunque por desgracia, esto es todavía hoy una Utopía: un lujo que no todos los bolsillos se pueden permitir.

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