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Copa menstrual, ¿vegana?

Dentro de los objetivos de llevar un estilo de vida vegano, se contempla también la necesidad de consumir menos productos que tengan un impacto negativo en el medio ambiente. Como todo el mundo sabe, los productos de higiene íntima que existen desde hace años, no se crearon precisamente para ser eco-friendly, sino que son muy contaminantes porque están fabricados con productos no biodegradables y por lo tanto son difíciles de eliminar.

Además de los propios materiales con los que se hacen estos productos de higiene íntima, el desconocimiento hace que muchas veces no sean reciclados, y por este motivo son desechados a través del inodoro, pasando a formar parte de las aguas residuales, acumulándose en las cañerías de pisos y viviendas.

Además del efecto negativo en el medio, existen efectos perjudiciales derivados de su uso, para la salud de las mujeres. Entre los efectos negativos del uso de tampones y compresas, se encuentra la alta toxicidad para el propio organismo de la mujer, debido a que el algodón puede contener pesticidas que, al contacto con nuestra piel y nuestras mucosas, son absorbidos y pueden provocar alteraciones en nuestro ciclo menstrual y en nuestra salud en general.

Por su parte, el uso de tampones se ha descrito como directamente responsable del conocido Síndrome del Shock Tóxico (SST), aunque otros estudios desestiman su papel en esta enfermedad grave que puede llegar a causar la muerte. El SST, descrito por primera vez en 1978, se dice que está provocado por la bacteria Staphylococcus aureus, un microorganismo que se encuentra en el cuerpo de las personas sanas de forma natural (en la piel, nariz, axilas, ingles y vagina). Las probabilidades de sufrirlo, parecen estar asociados con la mayor absorción del tampón.

En cuanto al precio de los productos de higiene íntima (y el IVA que se les aplica) se puede decir que es casi prohibitivo, casi un lujo, a pesar de ser una necesidad ineludibles. Según nuestros propios cálculos, hechos con conocimiento de causa, una mujer que tenga 11 reglas al año, puede gastar de media, en tampones unos 300 euros, y en compresas, quizás algo menos de 300.

Por si esto fuera poco, existen estudios que demuestran la existencia de la llamada “Pink tax” (tasa rosa), esto es; se gravan más los productos de higiene femenina que los de higiene masculina, por el mero hecho de estar destinados a mujeres. Esto mismo sucede con otros muchos productos de cuidado personal como cuchillas, mascarillas, cremas y otros productos, a pesar de que, curiosamente las mujeres sufren las llamadas brecha laboral y salarial, lo que las coloca en una situación económica menos favorecida.

En la actualidad, lo más habitual es que las copas menstruales estén hechas de silicona farmacéutica, por lo que, en principio, son siempre veganas, aunque no todas cuentan con el certificado que lo acredita. Las que están hechas de látex, que por otra parte son menos recomendables ya que pueden causar SST y alergias a dicho material, pueden estar testadas en animales, motivo por el que no podríamos considerar que cumplen con los estándares que las convertirían en un producto vegano.

En el mercado podemos encontrar multitud de copas menstruales, probablemente más de cien marcas, algunas de ellas surgidas recientemente y otras con un recorrido más amplio, nacidas todas ellas como respuesta a la gran cantidad de mujeres, consumidoras responsables y concienciadas, que reclamaban tener menstruaciones más sanas y menos incómodas.

Entre las copas menstruales que cuentan con el certificado vegano aprobado por asociaciones especializadas, rigurosas y de confianza, se encuentran algunas marcas como Femmecup, Organicup y Mooncup. Otras muchas, podrían ser también veganas, aunque por el momento no están certificadas como tal. Estamos pensando en marcas como Intimina Lily Cup, Lunette, Femicup, Rubycup, Meluna, Lunacopine, Miss Cup, Biosynex, Natù y Mamicup. Además, hay diferentes tamaños para ajustarse a la fisionomía de cada mujer: XS y S para mujeres que no han dado a luz, y M o L para aquellas que han tenido uno o varios partos. Los tamaños dependen, sobre todo, de las marcas.

En resumen, y en base a todo lo comentado, la copa menstrual es quizás el invento definitivo que nos puede salvar de problemas de salud, de gastos innecesarios y de la destrucción del medio ambiente. Este gran invento supone un paso adelante en el ahorro, aunque no lo parezca, ya que aunque en principio suponen el desembolso de entre 9 y 49 euros, pero son muy duraderas: si se cuidan de la forma correcta pueden ser utilizadas durante 10 años. En cuanto al SST, las copa de látex pueden favorecerlo, pero las de silicona (que actualmente son las más comunes) evitan totalmente el riesgo de sufrir dicha enfermedad.

Por todas las ventajas que ofrece y que acabamos de comentar, cada día se animan a probarla un mayor número de mujeres, ¡anímate tú también a olvidarte de los incómodos y contaminantes tampones!

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